martes, 29 de diciembre de 2009

Luces de Navidad.

Las cosas no iban como a ella le gustaría. Pero en aquella noche todo parecía ser diferente. Quizás fuese culpa de las luces que iluminaban aquella calle de Madrid. Quizás fuese tan solo una impresión suya.
Fue entonces cuando, mientras pensaba toda esta cantidad de tonterías, todo se detuvo. Ese instante quedó suspendido en el tiempo y ella con él. Así pudo observar su alrededor con más detenimiento y se dio cuenta de que allí solo habían caras felices llenas de sonrisas contagiosas. Madres e hijas, abuelos y nietos, novios y novias, hermanos y hermanas, amigos, amigas. Todos ellos parecían estar viviendo el momento más feliz de su vida. Entonces la sobrevino una oleada de positividad, un sentimiento abrumador de amor y felicidad, la extraña sensación de que ella podía cambiar el mundo. Y su mundo.
Tal vez tan solo fue la sensación producida por una copa de champagne. Tal vez solo fuera su imaginación. Quizás el hecho de que faltaban tan solo quince días para Navidad también ayudaba.

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