Siempre había admirado todas aquellas revoluciones que a lo largo de la historia habían logrado cambiar el mundo. Revoluciones en las que el pueblo, la gente que verdaderamente sufría las consecuencias de sus injustos gobernantes se echaba a la calle para luchar por unos ideales, sus ideales.
Llega el momento de hacer nuestra propia revolución, una revolución que adquiere ahora un nuevo sentido. Un sentido que no implica violencia, ni oposición. Una revolución que ahora nos implica a todos. Que debe basarse en la unidad, en la igualdad, seas como seas, de donde vengas, creas en lo que creas, seas más progresista o más conservador. Que debe basarse en unos valores que deberían ser comunes a todas las personas de nuestra sociedad.
Puede que no estemos de acuerdo en todo, pero si en lo fundamental.
Un objetivo en común, un mundo mejor.
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